La verdadera magia del fútbol no empieza con el pitido inicial, sino mucho antes, cuando el aire empieza a oler a césped y la ilusión se palpa en el ambiente. Así se gestó la última gran cita deportiva, una jornada donde la Ponferradina y su afición fueron los protagonistas absolutos.
Todo comenzó días atrás. La expedición de Bea al entrenamiento de la Ponfe no fue una visita cualquiera; fue una misión táctica de alta intensidad. Entre regates y disparos a puerta, el objetivo estaba claro: conseguir que ni un solo jugador se escapara sin plasmar su rúbrica.
La adrenalina en la banda era comparable a la de una final de Champions. Perseguirlos, bolígrafo en mano, con la destreza necesaria para que ningún jugador se fuera al vestuarios sin dejar su marca, fue el primer gran triunfo de esta fiesta. Esos balones ya no eran solo cuero; eran trofeos cargados de historia.
Llegó el lunes. Ese momento sagrado en el que te enfundas la equipación y el chip cambia por completo. Desde que ajustas las medias, sabes que no es una mañana cualquiera: hoy se viene batalla.
La organización milimétrica y emocionante, le siguió un ritual ya clásico:
- Formación de escuadras: El nacimiento de los equipos 3×3, donde la química es clave.
- El Bombo del Destino: La tensión subió de nivel con el sorteo del cuadrante. Retransmitido en directo por Instagram, el sonido de las bolas chocando en el bombo que marcó el camino a la gloria. Los rivales ya tenían nombre y apellidos, y unos nombres de equipo muy llamativos.
🔥 Calentamiento: Energía en Estado Puro
Con el cuadro de partidos definido, llegó el momento de “calentar motores”. Pero no fue un calentamiento de gimnasio convencional; fue una explosión de energía y diversión. Risas, pases cortos y una intensidad que avisaba de lo que estaba por venir. Los músculos ya estaban listos, la mente enfocada y el espíritu a tope.
El césped no solo vibró con los partidos oficiales; el verdadero corazón del evento latía en cada rincón del campo. Mientras los equipos se batían en duelo por el marcador, el Fútbol Challenge se convirtió en el escenario donde los más pequeños demostraron que el talento no entiende de edades, sino de ganas.
El ambiente era eléctrico. No importaba el resultado del marcador principal cuando había un balón de por medio y un reto que superar. Los “pekes” se enfrentaron a:
- Retos Imposibles: Circuitos de habilidad que ponían a prueba su control y velocidad.
- Disparos al Larguero: Ese larguero blandito del hinchable que arrancaba suspiros y aplausos a partes iguales.
- El Espíritu del “¡Uiiiii!”: Esa onomatopeya que llenó el aire tras cada ocasión fallada por milímetros, seguida siempre de una sonrisa y un “casi lo consigo”.
- El empeine de hierro: el arte de detener el tiempo con un pie. No es equilibrio, es una conexión especial entre el balón y tú. En el reto del empeine, el tiempo se detiene.
- El maestro de los toques: Uno, dos, diez…. domar el balón es cuando tienes control, ritmo y bailas con el. En el reto de los toques, el corazón se acelera.
La intensidad no bajó ni un segundo. Lo que para algunos podría ser un simple entrenamiento, para ellos era la final del mundo. Cada pase filtrado se vivía con la precisión de un cirujano y cada gol se celebraba con una explosión de júbilo digna de quien acaba de levantar el trofeo de liga.
Mención especial para Diego, entrenador de la ponfe que nos acompaño en la Fiesta del Fútbol. No cualquiera tiene la sangre fría para sacar las bolas del sorteo de los partidillos.
Además de su capacidad imparcial para arbitrar cada partido que a veces estaba fuera de control por la emoción que ponían los pekes en cada jugada.
La mañana no solo fue de fútbol; fue de convivencia. Tras el esfuerzo, llegó la merecida pausa de avituallamiento. Entre bocados y risas, todos comentaban las mejores jugadas y hacían sus apuestas para el partido final.






Cara a cara con la Ponfe; La adrenalina subió de nivel cuando los jugadores del primer equipo se unieron a la fiesta. No solo compartieron consejos sobre el cesped, sino que nos contaron un montón de anecdotas de cuando eran peqeños y se iniciaron en el fútbol.
Tras las finales, llegaba el desafío definitivo: los ganadores de ambas categorías tenían el honor de enfrentarse cara a cara con los jugadores de la Ponfe. Un partido donde la jerarquía se quedó en el vestuario y la ilusión tomó el mando.
La jornada nos regaló un momento que quedará grabado en los libros de lek: por primera vez, un equipo FEMENINO no solo alcanzo la gran final, sino que plantaba cara a los profesionales con una garra admirable.
El cronometro volaba y el empate parecía inamovible. Pero llego el golazo en los últimos segundos, cuando el aliento ya flaqueaba, llego la jugada mágica. Un disparo imparable de las chicas que perforó la red y desató en la grada, siendo las ganadoras absolutas de la fiesta del fútbol.
Si alguien pensaba que tras el intenso duelo entre el femenino y los jugadores de la ponfe los ánimos se iban a enfriar, se equivoca. Al terminar el encuentro, la marea de aficionados se desplazó al escenario con las pulsaciones todavía a mil. La tensión del césped se transformó en pura euforia colectiva; la adrenalina seguía a tope y el cuerpo pedía seguir celebrando nuestra pasión.
Con ese ambiente eléctrico, llego el momento más esperado por los pekes. Lejos de relajarse, Lek se convirtió en una caldera de emoción cuando empezaron los sorteos de regalos.
Cada número cantado era un estallido de alegría. Repartimos bufandas oficiales que volaban de mano en mano y entradas para el próximo asalto contra el Talavera, asegurando que el rugido de la afición siga el viernes en el Toralin. La competitividad sana y las ganas de llevarse un recuerdo del club mantenían a todo el mundo en vilo.
Pero el auténtico “gol por la escuadra” llegó con el sorteo de los balones firmados por toda la plantilla. Con la adrenalina del partido aún recorriendo las venas, ver esos balones con las rúbricas de los jugadores que se habían dejado la piel en el campo fue el broche de oro.
Para los niños, conseguir uno de esos balones no fue solo un premio, fue llevarse a casa un pedazo de la fiesta épica vivida minutos antes.
No había mejor forma de terminar este día que viendo a los niños y niñas corretear con sus nuevas bufandas, el brillo en los ojos de quienes consiguieron sus entradas contra el Talavera y, por supuesto, el orgullo de los afortunados que se llevaron a casa los balones firmados por toda la plantilla, nos recordó por qué hacemos todo esto.
¡Gracias, afición!
Desde Lek, queremos dar las gracias a cada familia que se reservo para traer a su peke a esta fiesta y a todas la familia de la Ponferradina, por compartir con nosotros estos ratitos tan divertidos.
Nos fuimos a casa con el corazón lleno y la adrenalina todavía recorriéndonos las venas, contando los días para volver a vernos.
“En Lek no solo celebramos el fútbol, celebramos la unión. ¡Hasta la próxima, campeones!”





























